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México: Sangrienta represión burguesa y danza macabra de la “extrema” izquierda
por Partido Comunista Internacional Sunday, Jul. 17, 2016 at 4:27 PM

La burguesía mexicana muestra una vez más su cara sanguinaria.

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México: Sangrienta represión burguesa

y danza macabra de la «extrema» izquierda




Domingo 19 de junio, la policía federal, fuertemente armada, asesina a sangre fria a una docena de maestros en huelga, y de habitantes solidarios de Nochixtlán. Los maestros habían bloqueado una ruta situada al sur del país, con el fin de impedir el paso de la policía que contaba llegar a Oaxaca, la capital del estado donde otros colegas también se habían declarado en huelga y organizado un campamento. La policía utilizó gas lacrimógeno, balas de caucho, helicópteros y balas reales, frente a manifestantes que solo tenían a la mano piedras y palos para defenderse. Durante horas la policía impidió el paso de las ambulancias al lugar de los enfrentamientos, frenando a los manifestantes que querían llevar los heridos al hospital. La masacre de Nochixtlán no es un abuso más o un incidente excepcional, sino el síntoma del desarrollo de la lucha de clases en México y de la violencia burguesa que trata de contenerla.

Este asesinato se inscribe en el clima de violencia que golpea a México desde hace años.


México sacudido por la violencia burguesa... y por las luchas obreras



Este país de 120 millones de habitantes ha vivido un tal desarrollo capitalista que lo convierte en la segunda potencia económica de América latina (detrás de Brasil), desde hace años es víctima de masacres. Los proletarios y campesinos sufren una violenta opresión y son igualmente víctimas de enfrentamientos entre fuerzas burguesas (muchas ligadas a traficantes de droga). La última década ha sido marcada por más de 185 mil homicidios premeditados (con mas de 30.000 desapariciones). Pero la situación interna no se limita a la criminalidad.


Ola de huelgas en la industria y la agricultura



El proletariado mexicano se yergue frente a los explotadores. Múltiples luchas recientes lo demuestran.

En Baja California, Valle de San Quintín, los jornaleros agrícolas se mantienen en pie de lucha desde hace doce semanas contra sus patronos que les imponen salarios de miseria y jornadas de trabajo que pueden llegar hasta las 18 horas diarias. Igualmente hacen trabajar a niños para la cosecha de frutas y tomates, ante todo destinados al mercado norteamericano. En el Valle, los obreros agrícolas suman 80.000, muchos de origen indígena. Los trabajadores bloquearon la ruta principal que une la región a California, dejando así las siembras pudrirse y causando pérdidas por millones de dólares a los capitalistas del agro-business. A pesar de la brutalidad policial, los trabajadores han visto mejorar globalmente su situación. BerryMex, el más grande productor de la región, debió aumentar los salarios que prácticamente se han convertido en los más altos de la agricultura mexicana. Otras empresas ahora pagan la seguridad social y ofrecen ciertas ventajas a sus asalariados. Sin embargo, muchos se niegan a pagar los aumentos. La huelga también ha permitido la creación de dos sindicatos independientes de los patronos y de las sindicatos «charros» («vendidos» al Estado y al PRI).

La agitación obrera ha tocado igualmente las maquilas de Ciudad Juárez. Las luchas comenzaron en la Eaton Bussmann, fabricante de transformadores eléctricos, y que tuvo como objetivo un aumento de salarios y mejoras en las condiciones de trabajo (pago de primas, instalación de ventiladores en los talleres...). Lo mismo ocurrió con los trabajadores de Scientific Atlanta, filial de Foxconn, quienes se movilizaron por aumentos de salarios, tiempo para almorzar, terminar con el acoso de los capataces, días de asuetos pagos, derecho a formar un sindicato. Entre tanto, los trabajadores de Lexmark, fabricante de impresoras, comenzaron a realizar manifestaciones para exigir aumentos salariales y protestar contra el acoso sexual por parte de los agentes de seguridad de la empresa. Los trabajadores de Ciudad Juárez sufrieron una severa represión patronal que se tradujo por el despido de los huelguistas.

En marzo de 2016, en el estado de Michoacán, los 35.000 mineros de ArcelorMittal,se lanzaron a una huelga de una semana contra los despidos y la violación de su contratación colectiva.

En el estado de Morelos, los 1700 proletarios de la fábrica Nissan de la «ciudad industrial del Valle de Cuernavaca» (Civac) llevaron a cabo una huelga de dos días y obtuvieron un aumento de un 4% más 500 puestos a tiempo completo. Tal es el caso de los trabajadores de la educación.

Los trabajadores del gigante de la telefonía, Telmex, obtuvieron un aumento de salario, gracias a la amenaza de una huelga, no obstante haber sido saboteados por los sindicatos amarillos.

Pese a la represión y las maniobras de los charros, fuerza es de constatar que el joven proletariado mexicano se bate con valor en una situación rodeada de precariedad, ausencia de derechos y represión brutal. Lo mismo pasa con los trabajadores de la educación.


Una larga lucha contra la reforma de la educación



Desde 2013, la Coordinación Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) lucha contra la implantación de una reforma de la adecuación que donde ya ha sido implantada solo ha significado una restricción de los gastos, competencia entre las escuelas (midiendo el «perfomance» de unos y otros) y una caporalización del personal de la enseñanza con un nuevo sistema de evaluación (que permitirá sancionar a los recalcitrantes).

Esta reforma es una de las consecuencias del «Plan para México» que el presidente Peña Nieto firmó con su partido (el Partido Revolucionario Institucional, miembro de la Internacional Socialista) y sus socios/adversarios del PRD (Partido de la Revolución Democrática, igualmente miembro de la Internacional Socialista) y el PAN (Partido de Acción Nacional, derecha clerical).

Desde hace meses, los educadores, en ruptura con el sindicato amarillo SNTE, comenzaron su combate contra el gobierno federal pero también contra los gobiernos regionales controlados por la oposición. La lucha se desarrolló principalmente en los estados del Sur, regiones pobres donde la población indígena es mayoritaria.

Los huelguistas no solo atacaron los locales de los partidos burgueses firmantes del «Plan para México», sino también a los de los sindicatos abiertamente pro-patronales y ultra-corrompidos como la CTM (afiliada a la ultra-colaboracionista Confederación Sindical Internacional) y la SNTE (afiliada a la igualmente colaboracionista Internacional de la Educación). Bloquearon la actividad económica (refinerías, depósitos de carburantes, aeropuertos, rutas, central hidroeléctrica...), y ocupado lugares simbólicos como la plaza central de México, el Zócalo.

La represión fue feroz, incluso antes de este 19 de junio. Los manifestantes tuvieron que enfrentar las hordas de agentes. Miles de maestros fueron despedidos por haber rechazado pasar las pruebas de ‘evaluación’, o por haber hecho huelga. Cientos de sindicalistas se encuentran en prisión. Es, por ejemplo, el caso de dos dirigentes de la CNTE, detenidos el 12 de junio en México a la salida de una reunión sindical, por seis hombres encapuchados fuertemente armados, que los trasladaron inmediatamente a la prisión de alta seguridad de Hermosillo.


LAS RECETAS DE LA “EXTREMA” IZQUIERDA CONTRA LA LUCHA PROLETARIA



Frente a esta huelga, se ha podido ver a la «extrema» izquierda mexicana tomar posiciones anti-proletarias, jugando a quien tenía la peor. Estos «revolucionarios» se agitan en todos los sentidos para no afrontar a la burguesía y para desviar a los proletarios de la reanudación de la lucha abierta.

Receta n° 1: el frente único con la burguesía
En este clima de agitación, un nuevo partido burgués trata de surfear sobre la ola del descontento: el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), antiguo dirigente del PRD y ex jefe del Distrito Federal de Ciudad de México.

Los dirigentes de la CNTE, aunque llevan a cabo una lucha heroica, siguen siendo partidarios de la colaboración de clases. Esperan sobre todo que AMLO sea elegido con su karaoké nacionalista y populista al estilo Chávez. La CNTE organizó junto a Morena una gran manifestación de protesta contra la represión.

Esto dio a AMLO la ocasión para avanzar sus reivindicaciones, entre las cuales están la demisión del ministro de educación, castigo a los culpables, pero también la formación de un «gobierno de transición» con el presidente actual.

Los trotskistas, por supuesto, no dejaron pasar la oportunidad para convertirse en los voceros de este demagogo populista. Tal como es el caso de Izquierda Socialista (miembro de la Tendencia Marxista Internacional) que se pronuncia por la constitución de un «frente nacional de lucha de los trabajadores del campo y la ciudad», que reuniría las «organizaciones populares, sociales, sindicales, estudiantiles, campesinas y las organizaciones que como Morena han escogido la vía electoral» («Represión en Oaxaca, ¡debe caer la contrarreforma educativa y este gobierno de asesinos!», www.laizquierdasocialista.org, 19 de junio de 2016). Dicho «frente» tiene como objetivo declarado llevar a AMLO a la presidencia ya que, según la IS, será «imposible ganar las elecciones presidenciales sin un movimiento de masas en la calle» («Movilización masiva en defensa de la CNTE, hace falta aterrizarla en la acción unitaria, balance de la marcha», 27 de junio de 2016).

Otros trotskistas todavía no han jurado lealtad a Morena, pero defienden una misma línea nacionalista y populista. En particular, está el caso de lo que queda de las dos grandes corrientes trotskistas a escala internacional: la IV Internacional y los lambertistas.

Durante décadas, siendo miembros del PRD, estos trotskistas se comportaron como un ala de izquierda de los partidos burgueses. Hoy, tratan de reconquistar su independencia organizacional, creando una Organización Política del Pueblo y los Trabajadores (OPT), impulsada por militantes del sindicato electricista SME. El Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), afiliado a la Cuarta Internacional, la Organización Socialista de los Trabajadores (OST) lambertista y otros grupos trotskistas, así como también de «activistas del movimiento de usuarios de la energía eléctrica, de militantes de la CUT y de personas provenientes de la experiencia de auto-organización comunitaria de los pueblos de Guerrero» participan en la OPT (En México, con o sin reconocimiento legal, la OPT está en marcha», europe-solidaire.org, 21 de febrero de 2014).

La OPT reivindica «una reapertura del diálogo». Esto es digno de los peores colaboracionistas, que lloran cuando se les priva del sacrosanto «diálogo social»!

Y aunque reivindica una “socialización de los medios de producción”, la OPT tiene un programa integralmente burgués: defensa de la soberanía nacional, desarrollo de la economía nacional y una democracia «participativa y popular». La consigna que en la primera página de su sitio Internet es sintomática: «Por la liberación nacional y la emancipación social». Todo acompañado por la bandera nacional mexicana! (opt.org.mx)

El PRT, la IS o la OST son, por lo tanto, extraños al combate proletario, si no son un componente del nacionalismo burgués.

Al lado de estos, otras corrientes pretenden ser más ortodoxas pero defienden posiciones igualmente anti-comunistas. Este es el caso, en particular, de los herederos del Partido Comunista de México.

Receta n° 2: “el poder popular”
El Partido Comunista de México (PCM), el cual participa en el «Encuentro Internacional de los Partidos Comunistas y obreros» con lo que queda de los PC pro-soviéticos, en particular el PC griego (KKE), toma posturas revolucionarias cuando denuncia sin establecer diferencias al PRI, PRD, PAN y Morena, calificándolos como «una nueva socialdemocracia», afirmando que el capitalismo «no se reforma». Plantea que hay que poner «fin al gobierno de Peña Nieto, pero no a cambio de un gobierno anti-neoliberal que aplauden los partidarios de la gestión keynesiana del capitalismo» y pretende rechazar las «alianzas inter-clasistas» («El PCM con los trabajadores de la educación», elcomunista.nuevaradio.org, 23 de junio de 2016). Estos mensajes son justo para la galería: el PCM es fiel a la vieja línea pequeño-burguesa de «lucha contra los monopolios» contra la cual hay que construir un «frente anti-monopolista, anti-capitalista y anti-imperialista» («El Estado mexicano: violencia organizada para garantizar la ganancia y el poder de los monopolios», 31 de mayo de 2016) para garantizar la ganancia y el poder de los monopolios», 31 de mayo de 2016). Este frente es, entiéndase bien, una alianza interclasista ya que «el PCM está convencido que semejante tarea puede ser tomada a su cargo por la clase obrera, por todos los empleados, los trabajadores cesantes, los trabajadores de la inmigración, forjando una alianza con los sectores populares, en favor del poder de los trabajadores, y una economía popular («El PCM con los trabajadores de la educación», 23 de junio de 2016).

Otro P.C. de México también, el PcdeM, defensor de Cuba, promueve una misma línea interclasista. Su programa pone delante la dictadura del proletariado, pero todo esto se encuentra bien guardado en los documentos de congreso. No solo no defiende una orientación de clase en la lucha actual, sino que mezcla «defensa de los derechos de los trabajadores» y «defensa de la enseñanza pública» («Pronunciamiento del PCdeM sobre la represión en contra del magisterio», (C.f.. partidocomunistademexico.wordpress.com, 23 de junio de 2016), pero además su otro objetivo es «de construir una Asamblea Nacional del Poder Popular» («en lugar de votar, construir el poder popular», 30-30, abril-mayo de 2015).

Este «poder popular» se inspira en el legado de un jefe campesino – y para nada marxista – de la Revolución mexicana: «El pensamiento y el ejemplo de Emiliano Zapata nos da numerosas claves que hoy en día son fundamentales para llegar a la unidad de todos los explotados, (…) y formar un solo y gran frente clasista (¡sic!) contra los capitalistas, en que cada sector de explotados, mujeres, hombres, jóvenes, mestizos, autóctonos, obreros, campesinos, etc., tienen su puesto en la lucha». («Emiliano Zapata, su legado y su ejemplo a 97 años de su asesinato», 10 de abril de 2016).

Por último, están los maoístas de la Organización Comunista Revolucionaria que defienden la misma perspectiva. Estos avanzan una idea populista en la cual el proletariado desaparece: «la explotación y la opresión de la gran mayoría de la gente por una pequeña clase de grandes capitalistas, dominado por el sistema capitalista-imperialista en el mundo» («De Ayotzinapa a los «Porkys»: crímenes de un Estado perverso al servicio de un sistema opresivo ¡Luchemos contra el poder y preparemos la revolución!», aurora-roja.blogspot.fr).

Para luchar contra esto, su respuesta es una «nueva síntesis del comunismo desarrollada por Bob Avakian», el caudillo del Partido Comunista Revolucionario de Estados Unidos. Esta síntesis no es más que el recalentado de un viejo plato indigesto: la «República Popular» y el «frente único» obrero/campesino/clases medias/burguesía media (La Revolución Liberadora. Orientación estratégica y programa básico).

De diversas maneras, estos engendros del estalinismo sueñan en realidad con un «capitalismo popular», es decir, con un régimen burgués que conceda algunas migajas a los proletarios.

Receta n° 3: la Asamblea Constituyente
Otras organizaciones retoman un gran clásico del reformismo: la Asamblea constituyente.

Es el caso de dos grupos que todo pareciera oponer: el PCM (marxista-leninista), salido de la corriente pro-albanesa y miembro de la Conferencia Internacional de Partidos y organizaciones marxistas-leninistas, y el Movimiento de los Trabajadores por el Socialismo, miembro de la Fracción Trotskista – Cuarta Internacional, dentro de la cual se encuentra uno de sus principales componentes: el PTS argentino.

El PCM (m-l) y el MTD defienden una «huelga general política» que desembocaría en un «gobierno interino» basado en una Asamblea Constituyente «popular y democrática» para los «m-l» (C.f.. «De la Asamblea Nacional Popular a la Nueva Constituyente», Vanguardia Proletaria, 15-31 de enero de 2015) o «libre y soberana» (C.f.. portada de Tribuna Socialista, 14 de noviembre de 2014).

La Asamblea Constituyente solo sirve para canalizar las luchas obreras hacia una solución parlamentaria burguesa y contrarrevolucionaria. Como lo decía Lenin, en su Informe al III° Congreso de la IC: «La constituyente es una mala palabra para ellos. No solo para los comunistas conscientes, sino también para los campesinos. Estos saben por experiencia que la Asamblea Constituyente y los guardias blancos son la misma cosa, que los últimos siguen inevitablemente a la primera». (Informe sobre la táctica del Partido Comunista de Rusia, 5 de julio de 1921). Esta consigna democrática debe ser combatida firmemente ya que nos lleva a un atolladero que permite desviar la lucha revolucionaria por liquidar el Estado burgués. Es lo que hicieron los bolcheviques en 1917 y fue lo que les permitió derrocar al poder burgués: sin subversión violenta de su poder, es imposible que la burguesía deje tranquilamente constituirse otro poder; si ya responde con la violencia brutal a las huelgas, con más fuerte razón lo hará si se trata del poder!

Receta n° 4 el “gobierno obrero y campesino”
Por último, los hermanos enemigos del Grupo Espartaquista de México (GEM) y el Grupo Internacionalista (GI) rechazan la Asamblea Constituyente y proponen en su lugar el «gobierno obrero y campesino». En la Internacional Comunista como en la Cuarta Internacional, el «gobierno obrero» u «obrero y campesino» es algo totalmente distinto al poder revolucionario proletario, cual es la dictadura del proletariado.

Basta citar el Programa de Transición del cual los Espartaquistas se presentan como los Guardianes del Templo:
«A todos los partidos y organizaciones que se apoyan en los obreros y en los campesinos y hablan en su nombre, les exigimos que rompan políticamente con la burguesía y tomen por la vía de la lucha por un gobierno obrero y campesino. Sobre esta vía, prometemos darle el mayor apoyo a su combate contra la reacción capitalista. Al lado de esto, desplegamos una infatigable agitación en torno a las reivindicaciones transitorias que, en nuestra opinión, deberían entrar a formar parte del programa del ‘gobierno obrero y campesino’.
¿Es posible, la existencia de un gobierno destinado a las organizaciones obreras tradicionales? La anterior experiencia nos muestra que, como ya hemos dicho, esto no es posible.
Sin embargo, es imposible negar de antemano y categóricamente la posibilidad teórica de que, bajo la influencia de una combinación de circunstancias absolutamente excepcional (guerra, derrota, crack financiero, ofensiva revolucionaria de las masas, etc), aparezcan partidos pequeño-burgueses, incluyendo a los estalinistas, puedan ir más lejos de lo que son capaces de llegar en su ruptura con la burguesía. En todo caso, una cosa esta fuera de duda: Si esto llegase a pasar en algún lugar, donde un ‘gobierno obrero y campesino’, en el sentido arriba indicado, se llegase a establecer, tendría muy corta duración en la vía de la verdadera dictadura del proletariado
»

Este es el gobierno del «frente único», es decir, una coalición entre comunistas y partidos burgueses a los que se les suplica «romper con la burguesía» para implantar una estatización de la economía, la auditoría de los libros de contabilidad o el crédito popular. Esta perspectiva que Trotsky planteaba con muchas reservas, pero que sus discípulos repiten en cualquier circunstancia, si no es una ilusión, es un suicidio.

La historia demostró que era una consigna que se prestaba a confusión, reforzando la creencia que tenían los proletarios en la posibilidad de apoyarse sobre las organizaciones colaboracionistas para luchar contra el capitalismo. Pero esto es solo una mortal ilusión. Jamás los que creen en la colaboración de clases lucharán contra el capitalismo; siempre se han rehusado y siempre se opondrán a los ataques contra el sistema burgués. Esta consigna, en los hechos, está destinada a evitar que los elementos de vanguardia, veteranos de las luchas proletarias, rompan con la dominación del reformismo contrarrevolucionario.

En México, como en tantas otras partes, UNA sola SALIDA: la revolución proletaria contra todos los atolladeros reformistas
.


Todos los habladores de paja de la «extrema» izquierda tratan de meterle a los proletarios una lumpia adulterada: liberación nacional, asamblea constituyente, poder popular, gobierno obrero...

En la lucha contra el terror burgués, aceptar la democratización del poder y las mentiras reformistas, es hasta ponerse voluntariamente la misma camisa de fuerza que la burguesía quiere poner a las luchas obreras para vaciarlas de su contenido de clase. Lanzar estos llamados al proletariado, es pedirles que se suiciden para no ser asesinados, es comportarse como su peor enemigo.

El ciclo de luchas por la emancipación nacional se acabó en el planeta. Por tanto, la joven clase obrera deberá ir directamente a la revolución únicamente proletaria. Pero esta no podrá realizarse, sin antes aplastar a la burguesía democrática y a quienes la apoyan. El proletariado tiene sin duda también la tarea histórica de ir hasta el fondo de las tareas «democrático-burguesas», especialmente en la agricultura, es decir, liquidar los viejos vestigios de opresión pre-capitalistas que la burguesía no logró liquidar. Pero esta segunda tarea debe ser asumida, sin tener que dejar de lado a su principal objetivo, ya que es transitoria y está subordinada a la revolución proletaria, y para la cual los proletarios urbanos solo tendrán como aliados a los obreros agrícolas. Los pequeños campesinos propietarios no podrán ser considerados, como a todos los pequeño-burgueses, sino como dudosos compañeros de ruta, siempre listos para aliarse a la burguesía otra vez.

Ante esto, los comunistas llaman a los obreros de México, como a los de todos los países, a rechazar las peligrosas ilusiones reformistas y a evitar el grave error de considerar a aquellos que las propalan como posibles aliados.

Los revolucionarios dicen a los proletarios que deben aceptar la lucha en el terreno en que la burguesía propone el enfrentamiento, y preparar la respuesta que exigirá fuerzas obreras de autodefensa, capaces de responder a la violencia por la violencia y a las armas por las armas. Tan fuerte respuesta no puede tener sentido, si la misma no viene ligada a una perspectiva de ofensiva revolucionaria, a más o menos largo plazo, contra la burguesía y su Estado, para enseguida instaurar el poder dictatorial de los proletarios.

Los comunistas auténticos llaman a los proletarios más conscientes y más combativos a participar en el duro trabajo de constitución de un partido auténticamente revolucionario y marxista, internacionalista e internacional, el único capaz de realizar esta preparación y dirigir este combate, y que durante décadas ha faltado cruelmente al proletariado.

¡No hay, ni puede haber, otra vía!

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