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Gane quien gane, todos perdemos...
por Gazir Sued
Monday, Apr. 16, 2012 at 5:31 PM
Gane quien gane, todos perdemos... (por Gazir Sued)
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Repasando viejas teorías sobre la “psicología de las masas”, recordé el cartel publicitario de una película en que dos criaturas monstruosas se mataban entre sí, mientras los destinos de la raza humana sufrían los embates de sus mortíferas contiendas. El lema: “Gane quien gane, nosotros perdemos.” Pensé que, abstraída de su contexto ficcional y depurada la pugna de su morbosidad escénica, la trama general se convertía en metáfora de “nuestra” realidad política actual. Se me ocurrió que, representados los dos poderosos monstruos por los partidos hegemónicos, por el “nosotros” jugaría su papel, pues, el pueblo puertorriqueño... La moraleja era predecible. A todas cuentas, a la industria del cine comercial siempre le procura audiencia la manoseada formula: La víctima, abusada y sufrida, enfrenta al que abusa y hace sufrir; sea a su favor o por quien le es querido. Pero la idea pronto me pareció absurda. En la película, las víctimas humanas resisten a los monstruos y luchan por prevalecer; mientras que en la realidad éstos pertenecen a nuestra misma especie y, gane quien gane, siempre pierde... Descartada la relación simbólica entre la película de ficción y la realidad política, no deja de inquietar que gran parte de la población participe de la contienda electoral como si se tratase de una trifulca a muerte entre dos monstruos, en esencia y apariencia, diferentes. Y más durante el periodo de campaña, cuando la masa popular se bifurca y religiosamente imagina al “otro” como pérfido y demoniaco adversario; lo tipifica y nombra enemigo; y lo trata como si se tratase de un monstruo; aunque cada uno comparte en idéntica proporción la monstruosidad del otro. Por ejemplo, la que se materializa en el vicio de insultarse mutuamente -que practican e inculcan entre sus huestes con celo fiero-; aunque ambos carecen de legitimidad moral para sermonearse. Esto, aunque las acusaciones de parte y parte no sean siempre frívolas o falsas. Las relativas al imperio de la corrupción lo evidencian. Pero la monstruosidad del “otro” es siempre la monstruosidad del “otro”. Lo monstruoso se convierte en signo de identidad colectiva; se institucionaliza como partido político; y el elector, derrotado o victorioso, encarna indistintamente el personaje del monstruo... Así las cosas, quede impreso el lema de la “realidad” electoral puertorriqueña, trillada y predecible como película del montón: “Gane quien gane, todos perdemos.”
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