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Espejismos en Septiembre
por PCInt. Tuesday, Sep. 14, 2010 at 8:17 AM
elprogramacomunista@pcint.org

Las elecciones son un momento clave de la vida política burguesa. Es mediante las elecciones que las diferentes formaciones políticas miden su peso respectivo y, de acuerdo a ello, obtienen puestos y responsabilidades en la jerarquía política del aparato del Estado burgués, lo que les permite luego favorecer a este o aquel grupo de intereses particulares y de sacar tajada política en sentido amplio del término – ¡si acaso es que no se trata como siempre de tajadas en moneda contante y sonante! ¡Para los partidos burgueses, de izquierdas o derechas, las elecciones son un negocio redondo!

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Pero más allá de esto, y esto es lo que más debe importar a los proletarios, es que el mecanismo electoral, fundamento del sistema democrático burgués, tiene por finalidad la preservación del orden establecido. Su función es la de desviar los inevitables antagonismos que el capitalismo suscita entre las clases hacia el terreno, inofensivo para él, de la competición entre partidos orientados a defender o no a los trabajadores. Con las elecciones, la dominación de clase de la burguesía da la impresión de desaparecer del régimen democrático; los explotados se sienten libres de votar por el partido de su preferencia y que los representen de manera que, una vez conquistado pacíficamente el «poder», sin tal vez suprimirlas completamente, estos representantes actúen al menos para frenar y atenuar la explotación y la miseria crecientes.

Sin embargo, cada vez que estas victorias son alcanzadas, pasa algo curioso y es que los partidos ganadores traicionan alegre y sistemáticamente sus promesas, apoyan a los explotadores y a la explotación o, mejor aún, no están ni pendientes de combatirles. Y estos partidos tendrán toda la razón si dicen como el cínico Churchill: «una promesa sólo compromete a quien la escucha»...

Pero esta es la demostración práctica que la dominación burguesa permanece; aún cuando la Asamblea Nacional esté cundida de «socialistas» o «comunistas», la dictadura de la clase capitalista estará siempre presente. El problema no es que, efectivamente, estos partidos o profesionales de la política se hayan «vendido» a los capitalistas (lo que ya es una expresión de la potencia de estos últimos): bastaría con escoger a otros más «honestos», «idóneos», «sinceros». El problema es que es imposible liquidar la dominación burguesa sobre la sociedad sin derrocar al Estado burgués que es su base fundamental. No nos cansaremos de repetir que el Estado no es un instrumento neutro y por encima de las clases; es un aparato históricamente edificado y perfeccionado por y para la burguesía, no puede ni quiere hacer nada que no sea asegurar la defensa de las relaciones de producción capitalistas contra todo intento de ponerlas en entredicho. Es imposible suprimir estas relaciones de producción sin remplazar la dictadura (enmascarada o no) de los explotadores por la dictadura de los explotados (abierta, declarada y sin cortapisas); en otras palabras, sin destruir el Estado burgués para remplazarlo por el Estado (o semi-Estado, según Engels) proletario. Este último en sí mismo no está destinado sino a desaparecer a medida que en la sociedad humana desaparezcan el capitalismo y los antagonismos de clase que él ha engendrado.

Por lo tanto, la lucha proletaria no puede desenvolverse en el seno de las instituciones estatales, en este caso tomar la forma de contienda electoral. La lucha del proletariado, si se trata de una verdadera lucha y no de una seudo-lucha, se lleva a cabo fuera y contra las instituciones políticas del Estado burgués, en el terreno del enfrentamiento directo entre las clases, comenzando por las huelgas, para luego, en período de crisis revolucionaria, llegar a la insurrección.

Es demasiado evidente que, mientras reine entre los trabajadores la creencia de que el Estado es imparcial, que la lucha electoral es eficaz, y que la democracia burguesa es todo-bondadosa, será muy difícil que se metan en la lucha real, la lucha de clase, que por supuesto cuesta mucho más en esfuerzos y energías de todo tipo. Esta creencia, que en definitiva es la creencia en la colaboración entre las clases, no está alimentada únicamente por la admirable eficacia del gigantesco y multiforme aparato de propaganda burguesa que desde pequeños inculca a los proletarios los buenos modales que produce la democracia y la civilización burguesas; ella reside y está alimentada sobre todo con una base material de beneficios, magros pero muy reales, sobre la base del mejoramiento ínfimo, pero regular, de sus condiciones de vida.

Pero eso dura mientras que el capitalismo se encuentre en buena forma y en pleno período de crecimiento o reanudación de las ventas y la producción, donde aumenta el consumo, la vida es bella, etc. sin importarle mucho arrojar algunas migajas con tal de mantener la paz social, migajas que sirven al mismo tiempo para «aceitar» o «mojar» a toda una red de organizaciones reformistas y de amortiguadores sociales.

Ahora, cuando regresan los días de sequía económica y la bonanza cede el paso a las crisis a veces sistémicas, el capitalismo para de dar a manos llenas y detiene todas las concesiones, retomando lo que había concedido en términos de paz social, degradando por consiguiente las condiciones de vida de los proletarios. Y esto es lo que está pasando con la actual crisis que convulsiona de manera espasmódica a todo el planeta: basta con ver a Grecia, Rumanía o en España, o lo que ya se anuncia en Francia, en Italia o en Alemania... o en los Estados Unidos.

Pero resulta que, socavando estas bases materiales, el capitalismo socava también la influencia que puede ejercer sobre el proletariado la ideología y la práctica democráticas, pero que a su vez tiene un efecto positivo sobre las posibilidades de reanudación de la lucha de clase. Y esto es lo que estas elecciones de septiembre en Venezuela van a revelar.

Elecciones en septiembre: los meses varían, el engaño no


Diez años ya de gobiernos chavistas tiene la historia de Venezuela, y sin embargo a pesar de todos los sinsabores de una ilusión que se pierde y abre paso a una realidad cada vez más horrible, donde la violencia, la explotación del trabajo obrero, la corrupción propias a todo gobierno capitalista son el pan de cada día, el trabajador va a votar nueva y resignadamente a favor de aquel que en realidad no le ofrece sino una cuerda para suprimirse de este bello mundo burgués. Como decía Marx, los procesos electorales están ideados para elegir cada cierto tiempo a los políticos que pisotearán los intereses de los proletarios; y, hasta que deje de existir la división de la sociedad en clases y hasta que la dominación de clase queden intactas, las elecciones no serán más que un engaño.

Si no fuera esta la pura verdad, racionalmente cualquiera puede pensar que es imposible que un engaño pueda durar tanto tiempo, pero, igual que el juego del tahúr, que engaña y roba a los apostadores con tres cartas y un perolito..., si no fuera precisamente por sus «ayudantes», el tahúr sería descubierto fácilmente. Con esta alegoría se explica todo el tramado electoral: ¿Quién es el gran tahúr? ¡El Estado burgués, la Democracia y las promesas electorales! ¿Quienes sus ayudantes? ¡La izquierda reformista y prostituida que goza del prejuicio favorable de que el gobierno chavista (o cualquier otro gobierno izquierdista) es un gobierno obrero y revolucionario! ¡Que viven voceando las frases más estridentes de la prosa revolucionaria marxista, para atrapar a los rebeldes que no quieren seguir llevando puntapiés!

Dada la crisis actual del capitalismo no solo en el mundo, sino también en Venezuela que es parte de ese mundo, estas elecciones caen como una bendición para desvirtuar la realidad en la cual el mundo capitalista obliga a vivir a los trabajadores, en Venezuela y en todas partes (¿en Grecia?). Hasta los mismos trotskistas morenistas de CCURA, USI, que a pesar de todas las persecuciones, atropellos, amenazas, asesinatos que sufren constantemente ¡siguen creyendo y haciendo creer que con el voto se puede reforzar la lucha de los trabajadores! Hay patadas en el trasero que se pierden...

Después de diez años de nueva democracia o quinta república y de decenas de procesos electivos, ya no es tan fácil seguir engañando a la masa votante, y estamos seguros de afirmar que la abstención política superará la abstención fisiológica, esa que se da hasta en las mejores democracias. ¿Quién puede creer después de 10 años de «participación popular y revolucionaria», que una elección más pueda cambiar la suerte de los trabajadores? Sin embargo un «viento fresco» venido de la extrema-izquierda «anti-capitalista» como no hay dos, nos jura que hay esperanzas de que con diputados-obreros en la Asamblea se pueden mejor defender los intereses de los trabajadores y – ¿por qué no, ya que estamos en el punto? – ¡«enderezar el rumbo de la revolución»! O, como dice una candidata chavista surgida de las bases del PSUV, que hay que participar en las elecciones por la «necesidad de construir una “democracia participativa” o “democracia revolucionaria”, base del “Plan Nacional Simón Bolívar”, con el fin de aumentar cada vez más la “participación democrática del pueblo”».

En cualquier caso, la participación de la extrema izquierda a estas elecciones – a conciencia o no – es indispensable para darle credibilidad a la farsa electoral, al juego del tahúr que ya hemos ilustrado y del que no se beneficia sino la burguesía. La finalidad del proletariado revolucionario no debe ser la «participación democrática», sino la reivindicación, antidemocrática por excelencia, de la toma de todo el poder no por «el pueblo», es decir, un conjunto de varias clases sociales, sino por el proletariado, para instaurar un verdadero poder revolucionario lo bastante fuerte como para quebrar la resistencia de la burguesía y neutralizar a las clases pequeño-burguesas: la dictadura del proletariado. La Dictadura del Proletariado es la condición sine qua non de la victoria sobre el capitalismo y del cambio profundo y sin fecha de vencimiento de la suerte de los proletarios y masas sin reservas.

Un afiche de los social-demócratas del PPT (Patria Para Todos) que empapela a toda Venezuela dice que el resultado de10 años de chavismo se llama «fracaso». Pero, los únicos que pueden hablar de «fracaso» son los reformistas y aquellos que esperan algo de este régimen.

Hay que señalar que el PPT es uno de los partidos que hasta hace poco era una de las organizaciones faro del chavismo y que rompe recientemente con él, motivados no por un afán de honestidad, de gente cansada de hacer denuncias, etc. sino por el más profundo oportunismo y arribismo político. Pero, lo peor es que pese a su connotado oportunismo, en estas elecciones de septiembre se les suman las candidaturas de José Boda y Orlando Chirino y otros líderes sindicales trotskistas de la USI (Unión Socialista de Izquierda) juzgando que es una “acertada decisión de participar en las elecciones con un programa de independencia de clase, con reivindicaciones democráticas y revolucionarias”.... Nada puede sorprender hoy de las corrientes trotskistas, pero lo que sí hay que observar es que estos líderes que tenían una trayectoria de lucha y confrontación que, por sí mismas, los hacía aparentemente inmunes al cretinismo parlamentario, caen de rodillas ante la burguesía, justamente en momentos en que el movimiento obrero se moviliza y comienza a tener auge en sus luchas y resistencia al régimen chavista que ya ha asesinado a varios de sus dirigentes sindicales como Jerry Díaz y Richard Gallardo, y otros más. Que nos disculpen la ironía, pero, ¿cruzaron la gigantesca cloaca del Guaire para terminar en las no menos infectas aguas del Tuy?

Para los proletarios conscientes, como no tienen nada que esperar de Chávez, aparte de la continuación de la explotación y la miseria infligidas por el capitalismo, no pueden ver en estas elecciones sino la confirmación de la necesidad de la lucha de clase y la organización proletaria para resistir al capitalismo, antes de ser lo suficientemente fuertes como para poder abatirlo, junto a los proletarios de los otros países.

Elecciones en medio de una severa recesión económica se dan para impedir la lucha de clase


Estas elecciones de septiembre representan un gran circo o carnaval, es verdad, pero ellas están apegadas a la realidad y a las conveniencias de las clases dominantes en el poder: se celebran en medio de una aguda crisis económica.

En la prensa especializada internacional, tenemos que Venezuela es uno de los países que más sufren de inflación a nivel mundial; según las cifras dadas por «The Economist», Venezuela es el país de más fuerte baja del PIB (-5,8%) y de la producción industrial (-13,3%) para el primer trimestre. Solamente México (-1,4% al segundo trimestre), España (0,2% al primer trimestre) y sobre todo Grecia (-5,8%) llegan a las cercanías del grado de crisis que sufre Venezuela. La tasa de inflación es la más alta del mundo y para este año 2010 se prevé un 33% de inflación acumulada.

El «Financial Times» cita un análisis de especialistas americanos que estiman que la producción de petróleo de PDVSA ha disminuido (el ministro-empresario Ramírez contesta la veracidad de este informe y habla más bien de aumento de la producción, en fin). Este periódico burgués no tiene por qué mentir o aceptar una mentira sobre todo cuando se trata de dar información a futuros inversionistas o accionarios.

Este cotidiano de los medios financieros de la city de Londres, cita maliciosamente una fórmula de Chávez «soy duro con los ricos», diciendo que hay un «graffiti» en Caracas que dice: «Chávez es duro con los ricos, pero con los pobres es más duro todavía». Sin comentarios.

Y si es por citar la prensa local, tenemos que uno de los sectores claves que más ha sufrido la crisis mundial del capitalismo en Venezuela, es la producción de acero y cemento para el sector de la construcción donde se estima una caída de 6,5%. «... las ventas de los materiales fundamentales del sector como cabillas, cemento y agregados se desplomaron en el segundo trimestre del año, y en algunos productos el descenso fue de hasta 47%», reporta la periodista Armas del diario «El Universal» del 29/8/10.

Las mismas estadísticas públicas presentadas por el cotidiano dan cuenta de una caída de 47,6% para las ventas de cabillas para el sector de la construcción, igual con el acero plano que cae en 44%. Los productos agregados a la construcción (arena, piedra, granzón) registraron bajas en el segundo trimestre de 24%.

El artículo menciona todo tipo de justificaciones: fallas y apagones a raíz de la crisis eléctrica nacional, lluvias, burocracia, depreciación de maquinarias, flujo de caja, dificultades de los importadores para conseguir divisas públicas, retrasos en los pagos y escasez de insumos: ¡todo menos la bendita palabra de crisis económica profunda! Aquí la auto-censura de la periodista es evidente...

Para los capitalistas, en esta situación de grave crisis económica cuya salida no se ve aún, las elecciones ejercen un rol más importante que de costumbre, y que es el de impedir que el descontento creciente de los proletarios y de las masas se transforme en lucha de clase.

Para los proletarios, rechazar la trampa de los espejismos electorales no debe significar caer en la pasividad y la resignación; debe más bien significar desechar las ilusiones y prepararse para la lucha contra la clase enemiga y su Estado.

¡No a los espejismos electorales, Sí a la lucha de clase!

¡Por la constitución del partido de clase internacionalista e internacional que guiará al proletariado en la lucha por la revolución comunista mundial!


Partido Comunista Internacional

– il comunista – le prolétaire – programme communiste – el programa comunista – proletarian –


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