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Discurso inaugural de Obama: un llamado a la austeridad en medio de banalidades
por Bill Van Auken Friday, Jan. 23, 2009 at 6:19 PM

Traducido del inglés por el Colectivo Editorial del CMI-Puerto Rico (Obama’s inaugural address: Amid banalities, a call for austerity).

En su discurso inaugural del martes, el presidente Barack Obama ofreció nada en cuanto a compromisos concretos o programas para enfrentar la crisis económica o terminar con la Guerra. En lugar a esto, indicó que el pueblo estadounidense tendrá que aceptar mayores sacrificios.

La gran ceremonia, que data desde los tiempos del nacimiento de la república estadounidense hace 220 años, se reforzó por el acenso al poder del primer afro americano como presidente. Aún así, este hecho contrasta enormemente con la banalidad de las palabras de Obama y lo vacío de su mensaje.

Para los millones que abarrotaron el Washington Mall, las emociones del día venían cargadas de esperanzas de que el primer afro americano en el poder significaría un cambio genuino y de alivio por la salida de George W. Bush, cuya primera aparición en las escalinatas de la Capital atrajo fuertes abucheos de la multitud allí reunida. La salida en helicóptero de Bush, el presidente más odiado de la historia del país, al final de la ceremonia causó que la multitud entonara un coro adaptado de los fanáticos del deporte cuando se burlan del equipo opositor: "Na-na-na-na, Na-na-na-na, Hey Hey, Goodbye."

Había un sentimiento de esperanza a nivel general de que la inauguración del nuevo presidente significaría el final de una pesadilla nacional de 8 años que comenzó con unas elecciones robadas y que trajo dos guerras de agresión, ataques a los derechos constitucionales sin precedentes en la historia, un crecimiento ininterrumpido de la inequidad social y la peor crisis económica en la historia moderna de los Estados Unidos. Estos sentimientos fueron compartidos por las personas alrededor del mundo que observaron las transmisiones internacionales de la ceremonia.

Aún así, el discurso de Obama pareció haber sido moldeado en gran medida con el propósito de desalentar esas expectativas. El mensaje universal disparado por los medios corporativos, a través de los titulares principales de los portales web tanto del New York Times como del Washington Post, fue que Obama hizo un llamado a la “nueva era de la responsabilidad.”

Pero este llamado contiene algo más que una pequeña dosis de ironía ya que el principio de responsabilidad será selectivamente aplicado. En las últimas semanas, Obama y sus asesores han hecho claro en más de una ocasión que no tienen intención alguna de procesar a Bush, a Cheney o a cualquier oficial de alto rango por crímenes de guerra o crímenes contra la Constitución durante su mandato.

En cuanto a la crisis financiera más grande en la historia del capitalismo estadounidense, ninguno de los de arriba carga con responsabilidad alguna, al menos según Obama. “Nuestra economía esta muy debilitada a consecuencia de la avaricia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestro fallo colectivo de tomar desiciones fuertes y preparar a la nación para una nueva era,” declaró a inicios de su discurso.

Este postulado carga con 10 millones de trabajadores enfrentando una posible pérdida de sus trabajos y hogares sin tener culpa alguna de su responsabilidad equitativa por la presente crisis, mientras ejecutivos de Wall Street y gerentes de fondos, con su parasitismo y criminalidad financiera, han arrastrado a sus instituciones y a la economía mundial a la ruina.

Ahora Obama le dice al pueblo trabajador que ellos deben tomar “responsabilidad” por la crisis que está destruyendo sus vidas mediante la aceptación de mayores ataques a empleos, salarios y beneficios sociales, aunque trillones de dólares de fondos públicos están siendo utilizados para fiar a Wall Street mientras que sus ejecutivos continúan chupándose sus paquetes compensativos de 7 y 8 dígitos.

En parte de la retórica de Obama hubieron indicativos de que trató de imitar el primer discurso inaugural de Franklin D. Roosevelt en 1933 en medio de la Gran Depresión. Claramente hay paralelos históricos, y más cuando el mercado de acciones bajó la marca de 8,000 el martes, la mayor pérdida de índice sobre el 5 porciento de su valor, y todo mientras Obama juramentaba.

Aún así, lo más notable fue la inabilidad de Obama en hablar de manera franca como lo hizo Roosevelt 76 años atrás. La característica principal del discurso inaugural del nuevo presidente fue una asombrosa falta de concretividad en respecto a lo que sea.

Cuando Roosevelt se dirigió a la nación, el juró “hablar con la verdad, sólo la verdad, franca y concretamente.” Mientras él realmente no hizo esto y su intención era salvar el capitalismo de una revolución social, él sí habló en términos explícitos sobre la causa de la crisis y qué pensaba hacer al respecto.

La crisis de los 1930, Roosevelt declaró, surgió no por la falta de “recompenza” natural o “esfuerzos humanos” para multiplicarla, sino porque “los que toman las desiciones en el intercambio de nuestros bienes han fallado, por su propia testarudez e incompetencia.” Continuó: “Las prácticas de los apostadores inescrupulosos de dinero son condenadas por la corte de la opinión pública y rechazadas por nuestras mentes y corazones.”

Obama pareció haber sacado parte de su discurso cuando declaró: “Nuestros trabajadores no son menos productivos ahora que cuando comenzó esta crisis. Nuestras mentes no son menos inventivas, nuestros bienes y servicios no menos necesitados de lo que fueron la semana pasada o hace un mes o un año.” Si ese es el caso, se quedó sin clarificar por qué la economía apunta hacia abajo de camino a una depresión con cerca de 3 millones de empleos eliminados en los EE UU durante sólo el año pasado.

Envuelto en esta evasión está un asombroso nivel de desprecio y condecencia hacia quienes lo apoyaron. Obviamente, él siente que no les debe esa explicación, y mientras menos palabras mejor.

Obama es incapaz de tan siquiera mencionar el rol de los “apostadores de dinero” de hoy en día, quiénes pagaron una gran suma por su campaña y asumieron los gastos de la propia inauguración. Toda la retórica vaga sobre la inexistente “equidad” se trata de defender sus intereses a expensas de la gran mayoría del pueblo trabajador estadounidense.

Este es el verdadero significado de sus alegaciones de haber trascendido “los argumentos políticos trillados del pasado” sobre el rol del gobierno y el mercado capitalista, y sus palabras de que el tiempo de “echar a un lado desiciones difíciles ha pasado.”

“La pregunta que nos hacemos hoy no es si el gobierno es muy grande o muy pequeño, es si funciona... Donde la respuesta sea sí, proseguiremos hacia delante,” dijo. “Donde la respuesta sea no, los programas terminarán.” Nuevamente, no hubo nada en específico sobre cuáles programas terminarían, pero durante la semana pasado él dejó claras sus intenciones de cortar radicalmente programas sociales, como el Seguro Social y Medicare, como una manera de resolver la crisis fiscal del gobierno.

“La pregunta sobre si el mercado es una fuerza del bien o del mal no la tenemos delante,” continuó Obama. “Su poder de generar riquezas y expandir la libertad es inigualable.” Declaró que la presente crisis ha dejado ver la necesidad de un “ojo vigilante” y expresó su creencia de que “alcanzar la prosperidad” debe ser facilitada mediante el ofrecimiento de la “oportunidad a cada corazón con voluntad.” Aquí no hay nada que no pudo haber sido sacado de uno de los discursos de Ronald Reagan o cualquier otro político de derecha que han gobernado en favor de Wall Street y de Estados Unidos corporativo por las pasadas 3 décadas.

No fue accidental que para ilustrar las acciones que él ve como vitales para superar la crisis, Obama ser refiriera a “la actitud no egoísta de los trabajadores que prefieren cortarse sus horas antes de ver a un amigo perder su trabajo.” Esto, bajo condiciones en las que trabajadores por todo el país están siendo azotados con recortes de horas y salarios para supuestamente salvar empleos, aunque banqueros fiados rechazen cualquiero tipo de sacrificio.


La “Guerra al Terror” continúa

Hubo un segundo tema fundamental que corrió por el discurso, el cual fue que Estados Unidos continuará con su belocosidad y militarismo, aunque con mayor atención en difundir una política exterior sangrienta en la retórica de la moralidad y el altruísmo.

En la primera línea sustancial del discurso, Obama declaró, “Nuestra nación está en guerra contra una distante red de violencia y odio.” Esta implicación es inconfundible: La “guerra global al terror,” el pretexto utilizado por la administración Bush para lanzar dos guerras de agresión, llevar a cabo torturas, rendición extraordinaria, detenciones ilegales y espionaje doméstico, que continúa impune.

Obama juró que bajo su administración, “Comenzaremos a responsablemente dejarle Iraq a su gente y a forjar una difícil ganada paz en Afganistán.” No hubo una palabra de crítica por la desición de haber creado estas guerras. En lugar a esto, la administración entrante ha indicado que lejos de dejarle Iraq a “su gente,” la ocupación continuará de manera indefinida de una manera más económica, mientras decenas de miles de tropas de EE UU serán enviadas a Afganistán en un escalamiento de la guerra en ese lugar.

Hubo una horrible nota de arrogancia y jingoísmo durante su discurso cuando Obama declaró que “No pediremos disculpas por nuestros estilos de vida ni presumiremos en su defensa” y de actitud regañona hacia líderes extranjeros, posiblemente de países históricamente oprimidos como África, el Medio Oriente y América Latina, quienes “culpan los males de su sociedad en Occidente.”

El lanzó un reto retórico hacia “los que buscan adelantar sus agendas mediante el terror y el asesinato de inocentes,” jurando que, “Los venceremos.” En cuanto a la masacre de tres semanas de Israel a Gaza en la cual miles de palestinos inocentes fueron asesinados por armas suministradas por EE UU y el apoyo disimulado de un Obama silente, estas palabras apestaban a hipocresía.

Finalmente, Obama le rindió tributo a las tropas de EE UU “quienes en estos momentos patrullan desiertos y montañas distantes,” declarando que “su espíritu de servicio” debe de ser “el espíritu que precisamente esté dentro de todos nosotros.”

El recién inaugurado presidente proveyó una definición de libro de texto de militarismo moderno – poniendo en alto el distintivo y el espíritu de los militares como lo ideal para la nación – como la sustancia de su “visión” para revivir Estados Unidos.

Se dio a notar que durante la inauguración del primer presidente afro americano la lucha por los derechos civiles, o cualquier tipo de lucha social, se quedara sin mencionar.

Existen dos razones para tal omisión. Obama no tiene intención alguna de promover algún tipo de lucha social de masas al día de hoy, y que está siendo cuidadoso de no ofender a las fuerzas de reacción social en las cuales él se apoya y que ahora lo rodean.

No importa sus intenciones, la inmensa crisis económica y social que se está dejando ver en Estados Unidos y a través del globo producirá esas luchas y a mayor escala. Las políticas sugeridas en lo que fue un discurso inaugural banal y deshonesto están completamente en peligro ante los intereses sociales y aspiraciones de la gran mayoría del pueblo estadounidense. Más temprano que tarde, ellos producirán una confrontación política y una nueva erupción de la lucha de clases que retará las bases del capitalismo de EE UU.

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