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REP. DOMINICANA: Hagámoslo por Vanessa
por H. Galván
Tuesday, Jun. 13, 2006 at 12:47 AM
Hagamoslo
Hagámoslo por Vanessa Hagámoslo por la juventud dominicana
Por H. Galván Email: triunfaremos@gmail.com 12 de junio de 2006
Sean mis primeras palabras, aunque sea poco, para solidarizarme en el dolor de la familia Ramírez Faña, y para tratar de transmitir el profundo sentimiento de estupor e impotencia que hoy embarga a la sociedad dominicana, en un grito desesperado por un futuro distinto para nuestro país.
Que no se repita, ¡que no se repita nunca más!
La delincuencia común (que ya se vuelve sofisticada), ha cometido un hecho que conmovió los cimientos de la República. Vanesa Ramírez Faña, una hermosa joven de 18 años, estudiante, fue asesinada a mansalva por resistirse a un atraco (o a un secuestro, no se precisa).
Fue en las puertas de su casa, y todo indica que los homicidas son muy jóvenes, también.
A pocas horas de eso, Daniel Crispín de 20 años, estudiante de medicina residente en el Barrio Lindo de San Pedro de Macorís, fue gravemente herido en un intento de atraco (hasta ahora no se sabe si sobrevivió).
La delincuencia común, que aflora y se multiplica en el caldo de cultivo de una sociedad en crisis, es una consecuencia más del desastre en que han convertido a la Republica Dominicana, tantos años de tropelías de las clases gobernantes.
Tanta corrupción, tanta mentira, tanta impunidad, tanto mal ejemplo desde arriba le han hecho demasiado daño a esta nación.
La exclusión social, las profundas desigualdades sociales, la marginación, las contradicciones más evidentes, son una condición necesaria para degenerar los seres humanos para que puedan cometer hechos como tales. ¡Y los degenera!
El desempleo, producto de la destrucción del aparato productivo y la destrucción del campo que produce emigración, atiza la situación.
La falta de una educación incluyente, gratuita, de calidad y que genere los incentivos necesarios para la no deserción, también es parte del problema.
La falta de políticas de juventud, de deportes, de concienciación y formación de la juventud, es lo más grave.
Los jóvenes dominicano/as son huérfanos de todo, no tienen asegurado su porvenir, ni su empleo, ni su educación, consecuentemente su subsistencia. Se les vulneran a diario sus derechos elementales, y no son tomados en cuenta en ninguna decisión.
Con razón la mayoría de la juventud pobre quisiera emigrar, y los de clase más adinerada, “meterse a políticos”. Con razón los más admirados por los jóvenes son los peloteros y los políticos. (Cual de los dos hacen dinero más fácil).
Desde la televisión y la prensa se les inculcan modelos extranjeros ostentosos que nada tienen que ver con nuestras condiciones de vida. Así, el celular de última generación, el carrazo y la ostentación son sus únicos deseos.
Para atizar el crimen, la Justicia dominicana siempre premia al que hace dinero fácil, sea banquero, empresario o político, no importa. Si usted se roba muchos millones con una Privatización, fácilmente puede reelegirse como Presidente y proponer una isla artificial para invertir lo que se robo (todo ficción, cualquier parecido con la realidad es sólo casualidad)
Con la impunidad impuesta desde arriba, no hay más que hablar.
La policía nacional, a juzgar sólo por las últimas noticias, parece más una Superintendencia de Crímenes, que un cuerpo castrense. Supervisa y regula eficientemente todos los crímenes, atrapa cuando quiere, no cuando puede. Todas las redes mafiosas tienen tentáculos en la policía; todas las mafias, las bandas y banditas, están interconectadas con ella.
Lo que pasa aquí, es como si Lutero fuera el Papa en Roma, o en Avignon. ¿Qué esperar?
En la crisis social, el peor puesto le ha tocado a la familia, que está altamente deteriorada, golpeada por la crisis económica, dividida.
Sin una familia que funcione (nuclear o no) las probabilidades de que un joven se forme como un ser humano de bien, son muy pocas.
Y lo peor de todo es, que el desastroso rumbo en que han conducido a la República Dominicana las clases políticas, económicas, eclesiásticas y militares que la han gobernado, ha invertido la escala de valores. Esa crisis de valores que tanto se escucha, es una consecuencia de la crisis social.
De esa forma triste, lo bueno se convierte en malo, el delincuente es admirado, el corrupto es un sabio, el ladrón es un “vivo”, mientras que el hombre de trabajo serio es un pendejo por no “coger los mangos bajitos”.
Ante esta situación en que han convertido a este país hermoso en un infierno, tenemos que reaccionar.
Y que bueno que está despertando poco a poco, las marchas de Santiago son un ejemplo de que el país está comenzando a decir basta.
Y hay que decirle basta al modelo político económico y social que nos han impuesto por décadas, y a sus protagonistas, y que causa tanta tristeza y destrucción a la familia dominicana.
Tenemos que darnos cuenta de que sólo viviremos en paz y armonía, cuando comencemos a construir otra República Dominicana. Un país soberano y justo, donde todo/as podamos vivir dignamente.
Solo viviremos sin delincuencia (o muy reducida) cuando construyamos un país más solidario, más fraternal, más unido, más prospero, más humano, más democrático, más autentico.
Decidámonos a construir un país nuevo, diferente, y eso sólo se lograra cuando le neguemos el apoyo a quienes lo venden, destruyen, lo explotan, lo esquilman y lo usan.
Comencemos a construirlo día a día, con nuestras relaciones con los vecinos, la compañera, la comunidad, la maestra, el trabajador, con todos.
Comencemos temprano, hagámoslo por nuestra juventud, hagámoslo por la familia, por el porvenir, hagámoslo por la vida, hagámoslo por Vanessa, por su recuerdo, las que se son como ellas se lo merecen.
La República Dominicana se lo merece.
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