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Diáspora y Soberanía Nacional: Parte II
por Ezequiel Gonzalez Sunday, Dec. 05, 2004 at 11:56 AM
webmaster@ezekielonlinelibrary.com

Los dos pilares que nos definen como pueblo y le dan razon de ser a nuestra identidad colectiva.

La diaspora puertorriqueña, al igual que todas las demas, es un ente social complejo. Hay muchos subgrupos dentro de la misma. Hay muchas olas de emigrantes, que salieron de Puerto Rico en distintas épocas, bajo variadas circunstancias, con distintos niveles de preparación académica, a distintos destinos.

Un elemento común a todos ellos, sin embargo, es Puerto Rico. Para unos es un sitio mítico, en el cual nunca han estado. Para otros es ese lugar inmediato, del cual salieron hace apenas unos meses. Para unos es el paraiso, al cual aspiran a regresar. Para otros es la letrina del mundo, que gritan y proclaman que quieren olvidar, pero no pueden hacerlo.

Puerto Rico: su cultura, sus valores, sus prioridades, sus necesidades, sus posibilidades, sus ventajas desventajas. Pero sobre todo, ese lugar donde los boricuas, los puertorriqueños son la mayoria. Los que determinan la organización social, la música, las artes, la religión, la cultura. El pais: la sociedad puertorriqueña.

Emocionalmente, en el extranjero siempre viviremos en casa de otro. En medio de otra cultura. En medio de una sociedad establecida sobre valores éticos y prioridades sociales de otra gente. En el mejor de los casos, podremos aportar a una cultura común, al mejoramiento de una sociedad ya establecida, con un ordenamiento social ya existente. Esa aportación es buena, y todo inmigrante debe trabajar por el bien de la comunidad donde vive. Debe adaptarse a la realidad social, a la cultura, de ese lugar, aportando su propia cultura, su propia herencia étnica y nacional al enriquecimiento de la cultura, de la sociedad donde ha venido a vivir.

Pero esa participación no es lo mismo que vivir en una cultura propia, en una sociedad donde la organización social, las artes, las organizaciones cívicas, y las normas de sana convivencia social reflejan nuestra identidad colectiva: Nuestra nacionalidad.

Y para que una identidad colectiva nacional pueda subsistir a traves del tiempo y el espacio, necesita ese lugar donde el ente social pueda ejercer su soberania nacional. Aun en el caso extremo de los judios, ellos sobrevivieron como pueblo y nación a traves de miles de años, no solo por la Ley Divina, El Torah, la religión judia que los mantenia unidos, sino también por la esperanza de un día regresar a su Tierra Natal, a su patria: a su tierra prometida. Esa esperanza de ese hogar nacional, los mantuvo unidos por mucho tiempo.

Hoy día esa esperanza se ha convertido en realidad. Ya los judios tienen un pais, un Estado Soberano donde ellos, los judios, son los que mandan. Lo conquistaron a sangre y fuego. La colonización y conquista de esa tierra no fue una obra de arte, no fue un poema religioso. No descendio fuego del cielo para quemar a sus enemigos. Ni plagas de avispas para expulsarlos. Los expulsaron ellos, los judios, mediante el terrorismo, y las amenazas.... Querian un estado propio y se lo ganaron peleando. La guerra de conquista y colonización no es santa, ni linda, ni honrada. Más allá de los mítos históricos, los judios hicieron lo que pensaban que tenian que hacer para conquistar la tierra que querian poseer para fundar su estado.

Hoy diçía tienen su estado, y aunque no todos los judios viven en el mismo, la inmensa mayoria de los judios apoyan ese estado. Aportan a su sostenimiento económico, lo visitan, lo defienden, y lo promueven. Lo ven como una parte esencial de su identidad colectiva. Entre los más religiosos, hay algunos que ven al estado de Israel como una afrenta a la identidad fundamentalmente religiosa que debe definir al pueblo judio. Pero entre el pueblo judio secular, el estado de Israel se ha convertido en el punto de encuentro del judaismo a nivel mundial. En la manifestación visible de la Identidad Nacional Judia.

En el portaestandarte y defensor del pueblo judio a nivel mundial. En el pasado ellos dependian de la bondad de los gobernantes en los distintos paises donde vivian. Hoy tienen un Estado que defiende sus intereses; con embajadas en cada pais, con acuerdos internacionales, con representante, con voz y voto, en el Parlamento Mundial; es decir, en la ONU. Con agencias de espionaje, con un poderoso ejercito, con compañias judias protegidas por un Estado Judio con los mecanísmos necesarios para defender y promover sus intereses.

No todos los judios viven en Israel, pero todos, se benefician directa o indirectamente del Estado Israelí.

Nuestro pueblo puertorriqueño por lo limitado de nuestro territorio nacional se está convirtiendo en un pais diseminado a lo largo y ancho del mundo. A diferencia de los judios no estamos protegidos por la creencia en una Revelación Divina, una Ley Divina, o un Mesias enviado por Dios, que sea venerado a lo largo y ancho del mundo. Entre los más religiosos en el mundo cristiano hay muchos que se sienten inclinados y hasta obligados a bendecir y proteger al pueblo judio: El pueblo que recibio la Ley, en donde nacio el Mesias, de donde surgio la Bibla, a donde regresará el Mesias a establecer su reino mundial.

Benditos los que te bendijeren y malditos los que te maldijeren. Esta advertencia bíblica, interpretada literalmente y aplicaba al pueblo judio, les brinda una protección internacional. La Ley Mosaica le da un elemento de cohesión nacional que no tenemos los puertorriqueños.

Por esto, al enfrentar la realidad de la diaspora, debemos buscar en lo profundo de nosotros mismos esos elementos trascendentales que nos unen y que justifican nuestros mayores esfuerzos por defender y promover nuestra unidad nacional: nuestra identidad nacional a traves del tiempo, generación tras generación, y del espacio, en todo estado, pais y lugar en donde pueda llegar a vivir un puertorriqueño.

Esos elementos trascendentales y unificadores estan ahí: en los principios y motivaciones más elevados de nuestro espíritu nacional: en el amor, la misericordia, la lealtad, la justicia, y la busqueda del bien comun y universal que nos caracteriza como pueblo. Y en esa explosividad que nos lleva a enfrentar al enemigo que sea, no importa cuan grande, fuerte o numeroso pueda ser: cuando vemos que está cometiendo una injusticia.

Estos características universales del espíritu humano, que todo individuo manifiesta en uno u otro momento, no importa su origen étnico, nacional o social, no son patrimonio exclusivo de nadie. No nos pertenecen, ni debemos intentar apoderarnos de ellas. Pero podemos identificarnos con ellas en forma colectiva, convirtiendonos en portavoces de las mismas, de tal forma que esa acción, que ese compromiso, que esa lealtad con la paz, la justicia, la verdad, la misericordia y el amor en su más abarcadora y sublime manifestación, sea nuestra insignia, nuestra marca, y nuestra identificación nacional.

Reafirmando está identidad colectiva, la misma se convertirá en algo que vale la pena defender y promover. En algo de lo que nos podemos sentir justa y sanamente orgullosos. En algo que nos convertirá en una bendición para el mundo, en términos generales, y para cada comunidad en la cual podamos habitar, permanente o temporeramente, en términos específicos.

Esta identidad, este compromiso con la verdad, la justicia, la misericordia, la armonia, la paz y el amor en su más sublime manifestación; este debe ser el elemento trascendental, la ley de Dios, escrita esta vez no en unas tablas de piedra, un pergamino, o unos libros, sino en nuestra conciencia y nuestros corazones, que nos identifique. Que nos de esa cohesión como pueblo, como ente colectivo, más allá del tiempo y la distancia.

Y como manifestación entonces de ese ente colectivo, necesitamos un lugar, un pais, un Estado Soberano, donde podamos ejercier nuestra soberania colectiva, organizando la vida social, el gobierno, las leyes, las costumbres y la cultura, en base a nuestras propias prioridades y valores.

Los judios para sobrevivir a traves de los milenios, necesitaron ambas cosas: La Ley Divina y Trascendental, y el territorio nacional, unas veces manifestado en un Estado Soberano, como lo es hoy día, y otras veces manifestado en una esperanza indestructible.

Ambas cosas. El Estado Soberano, y la Identidad Trascendental. Ambas cosas son imprescindibles para que un pais, una nación, una identicad colectiva, un ente espiritual formado por millones y millones de personas desparramadas a lo largo y ancho del mundo, pueda mantenerse vivo a traves del tiempo y la distancia.

Sin el elemento Trascendental, la identidad nacional se vuelve algo pequeño, inutil, dañino y destructivo. Sin el Estado Soberano, o la esperanza y anhelo del mismo, la Identidad Nacional pierde su foco, y su manifestación visible en el mundo. Se convierte en una mera herencia cultural que poco a poco va perdiendo su cohesión, y su relevancia.

Continuaremos...

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